jueves, 30 de octubre de 2014

Suplicios 56.






                                                                                                            
                                                                                                                     
                                                                                             
                                                                                                                                                                                                               


Ponernos a prueba ha sido el peor remedio que hemos puesto al amor (como si hablásemos de una enfermedad).

La afirmación a la duda es lo que a mi tus palabras y lo que a las palabras tus hechos, 
que,
habiendo medio de por miedo todo lo demás es algo elíptico. 
Si hay una flor en todo este montón de paja,
ha sido darme cuenta de que eras las cuatro estaciones del año en mi invierno moral. 
Y todo este cambio climático, 
una consecuencia más. 

Pero, 
no des un paso hacia delante si no es hacia a mi. 

Si no es conmigo. 

Si no es por mi. 

Que he dado diez vueltas a mi cabeza 
y he acabado en el mismo lugar donde la perdí. 

Me exijo no hacer pausas,
y observar el camino a velocidad de incendio. 
Sé que hay fuego pero no lo que se quema.
Y no es nada más que una forma sutíl de sonreirle a la vida.
Como queriendo olvidar que tuve yagas en la lengua por callarme lo que un día quise oir.

Y es solo eso. 

La sonrisa ignorante, la puta sonrisa ignorante del que no sabe la que se le viene encima. 

Y ahora es el espejo el que dicta esta doctrina insulsa.

Y ahora abarcamos todo ese espacio que nunca nos dejamos.

Aferrarse a algo siempre fué dejar que no se fuese.
Y eso me ha pasado a mi contigo.
Que aunque quieras irte, no dejaré que lo hagas.
Porque te estarías llevando contigo mi cataclismo de vida. 
Porque ya eres lo suficientemente desastre como para ir arrastrando a tu paso los cristales que un día me clavé. 

Entiéndeme.

Es todo pura caridad.
Es todo puta necesidad.

Es todo una mierda.
Pero.
Yo te espero aquí.

Sonriendo.
Esperando a que vuelvas porque nunca te fuiste. 










martes, 21 de octubre de 2014

Los días sin ti.


                        
                                       



Los días sin ti, 
me abro el pecho y me sacó el corazón, 
y lo dejo ahí,
donde solo tú sabes donde está. 
Los días sin ti son intentos de suicidio donde me subo al precipicio más alto a esperar que la caída se parezca un poco a tu ausencia, 
y muero, 
y muero, 
y muero,
y espero a que vengas y me revivas de nuevo 
con otra canción con la que sonarnos de fondo 
mientras nos morimos juntos, 
de amor. 
Los días sin ti son como los días contigo pero al revés, 
al revés mi sonrisa,
al revés la luna, 
al revés la gente, 
al revés todo menos mis bragas y voy tambaleándome y todo esto me causa náuseas en los ojos. 
Los días sin ti 
parece que todos quieren oírme hablar de como me bailas las caderas y nadie me ha preguntado. 
Los días sin ti,
me he preguntado como sería echarte de más, 
a un lado, 
porque todavía no he descubierto la manera de de abrazarme sin ti.
Los días sin ti,
he echado de más la cama
para esconderme en algún 'sin cobertura' 
antes de romper a llorar, 
o de llorar sin romperme. 
Los días sin ti,
he imaginado los días contigo, 
sin más prisa que la de desnudarte, 
los sentimientos, 
sin menos prisa que la de que todo esto no pase tan deprisa.  
Los días sin ti son un puto invierno que parece interminable, 
en el que los días contigo me apareces con una rosa y lo conviertes todo en primavera, 
donde yo corro por tus ojos que me saben a hierba. 
Los días sin ti y los días contigo,
 me sueño vestida blanco con tus sabanas, 
y sin ellas. 
Los días sin ti son una puta sin rímel. 
Los días sin ti son una puta mierda. 
Los días sin ti, 
es un día que no acaba, 
que no acabo, 
de entender 
quién cojones te repartió con el mundo y no fue a mi lado. 
Los días contigo, 
me río en la cara de la felicidad, 
la cara me ríe de felicidad 
y felicidad se ríe en mi cara los días que no estás. 
Pero qué me vas a contar, 
cuéntame uno a uno los días que quieres pasar conmigo pero nunca termines, 
que no me entere yo de que sabes contar con los dedos. Lo único que sé de los días sin ti 
y los días contigo,
es, 
que te sigo queriendo cada día.