como te desintoxicas de una droga
como te deshaces de un hábito
como te desenganchas de un placer;
con voluntad.
Y voluntad,
es haber decidido poner un punto y final
donde era un continuo punto y seguido
que parecía terminar pero no lo hacía.
Y este tu y yo incoherente
que se escupe en los oídos
que se arranca las entrañas
que se desviste con el odio
que se desgasta con el tiempo
que se pudre,
éramos nosotros
y todo lo demás
una tapadera con una etiqueta pegada en la solapa asegurando que era amor.
Pero no lo era,
o al menos dejo de serlo,
porque ahora,
tengo en el corazón miles de grietas selladas con tu nombre
y no conozco un dolor parecido al de esta nostalgia.
Se acabó
como se acaba un chicle
cuando sientes que ya es insulso
cuando sientes que se ha deshecho
cuando decides que es hora de tirarlo.
-La métafora del amor en un chicle-
Lo cierto es que nos pareció que machacarlo una y otra vez
era mucho mejor que tirarlo.
Sé que el pudor me terciará estos días
sé que el odio me cerrará los puños
sé que el remordimiento me acompañará,
pero también desaparecerán con el tiempo y al final,
solo serán el eco de un grito que se diluye.
Nos rompimos tantas cosas a la cara
que acabamos por destrozar otras
nos volvimos tan cobardes
que acabamos por conformarnos.
Al principio
parecía algo tan etéreo,
inmarcesible
tan inmortal
que llegue a ver toda mi vida pasar
y desée que fueses tú.
Al final
fué algo tan desastroso
tan adverso
tan mortal
que me hizo desvivirme por dentro
que nos hizo desconocernos
que nos nombró culpables
que nos sentenció.
Y ahora,
después de todo,
intento mirar hacia delante
con el estúpido deseo
de que algún día vuelvas a cruzarte por mi vida
me prometas que has cambiado
y yo
vuelva a creerme todas tus mentiras.