lunes, 23 de septiembre de 2013

Y al final los tacones rojos se quedaron en el armario y la sonrisa, me la dibujaron.

Quizá si me hubiese puesto los tacones rojos
y me hubiese pintado una sonrisa aquel día,
podría haberme sentido más alta que el mundo,
pero no estabas allí,
y no tenía sentido ponerme guapa,
tú que me habías visto desnuda en 3 o 4 amaneceres,
que me habías visto romperme
y recomponerme en segundos,
que habías visto como se desvanecía el suelo que pisaba mi vida al mismo tiempo que andaba yo,
con las Converses destrozadas del concierto de la noche anterior.
Esa noche tú ni si quiera me conocías,
esa noche yo no sabía quien eras,
porque te ibas, y parecías arrastrar mi 'nada',
porque tu tienes/tenías todo y eso fue lo que quedaba de mi,
y quisiste llevártelo para adornar tu dolor,
y esa noche llovía en Hellín, en todas las calles de mi habitación,
Y pensé en tirar la toalla y no pude, la fuerza me ganó
Tenía demasiadas cosas a mi alrededor que me recordaban a tí.
Quizás si me hubiese puesto los tacones rojos
y me hubiese pintado una sonrisa aquel día,
podría haberme sentido más alta que tú,
pero no estabas allí,
y no tenía sentido que me vieras feliz,
por que no lo estaba y nunca se me dió bien mentir.
Y al día siguiente no sabes que resaca,
vomitando orgullo a 'punta pala',
pero estabas aquí,
y me puse las Converses,
que seguían destrozadas,
pero ese día estaban más bonitas,
por que eras tú quien las miraba.

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