Siento
en mis oidos
el continuo chasquido de una claqueta
de una película que nunca se parece a mi vida
en la que los protagonistas
somos tú y yo
y este laberinto en el que nos encontramos.
Tengo
en mi cabeza
pianos que caen del cielo
cuando me dices que me quieres
y te niegas a darme un beso.
Creo
que hemos llegado antes de tiempo
justo en el momento exacto
y nos ha tocado esperar
para no perder la escena
en la que es verdad que nos queremos.
Digo
que no fue
que es
y es que
no entiendo porqué
ahora
puedo observar cuando me miras
una incesante realidad irrisoria
en la que el destino no importa
y tu nunca sueltas mi mano.
Todo empieza a parecer una excusa para verte sonreír,
como tocarte el culo
sin que te des cuenta
o jugar con tus cosquillas
hasta que me quieras parar.
No hay guiones contigo
porque lo que siento
es casi tan impredecible
como tú lo fuíste
cuando te ví venir
y era hacia mi.
Calles unidireccionales
que no llevan a ninguna parte
mensajes sinseñal
que dicen todo.
Entiende
que ando haciendo equilibrio
en la cuerda que separa
la idea de quererte
o dejarte marchar
y no sé
cual de las dos me da más miedo,
pero igual
que una película
nos hemos quedado en pause
y no sabemos que pasará.
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