No te lo vas a creer.
Yo no lo hago.
Pero odio ir haciéndome la idea.
La costumbre nos ha ido besando los párpados
el vacío ya no es tan denso
y todo se está normalizando tanto
que a veces siento el universo interponerse entre nosotros
y me siento a años luz de poder abrazarte.
Dudo de mi misma
y de mi capacidad para recordar porque es tal la necesidad de tenerte enfrente
que odio no poder ver con claridad todos y cada uno de los matices de tu cara.
Y pesa.
Pesan todas la cosas que ya no haremos juntos,
pesan todas las palabras que no nos dijimos
y también algunas que no deberíamos habernos dicho
pesa todo el cariño que no nos dimos,
pesan los días tristes
y todos y cada uno de los poemas que nunca te leí.
365 días en los que el mundo me ha dado la vuelta,
365 días que han marcado todo un camino,
todo mi camino.
365 días de metamorfosis
y aún estoy por desplegar las alas.
365 días de nostalgia,
sobretodo de nostalgia.
365 días de convicción
en los que sigo dudando de lo evidente.
365 días para recrear toda una vida.
Y de 365 días
no ha habido
ni un solo día
ni uno
que no pensase en ti.
Sigues en una parte de mi
me veo en ti cuando me miro al espejo
y reconozco con orgullo las cualidades que me inculcaste
y que sé que son tuyas.
Y suspiro.
-Te echo de menos-
Me digo.
Y estás aquí,
aunque yo a veces no pueda verlo.
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