sábado, 11 de junio de 2016

Cartas sobre la mesa.

Ojalá pudiese permitirme la utopía de estar siempre a tu lado,
de mirar siempre unos ojos
y que sean los tuyos
reconocerme en ellos cada día
y buscarme de nuevo
cuando me encuentre perdida.

Pero yo ya sé que la vida es piedra
que se presenta en el camino
y que es inevitable tropezar para pararte a mirar el recorrido.
Pero ojalá fueses sendero
para recorrerte una y otra vez,
ojalá fueses eterno
para soñarte como una niña
ojalá fueses remedio para curar todas las heridas.

Pero por más que lo deseo con todas mis fuerzas,
no puedo luchar contra este azar que es la vida.

Y llegará el momento en el que nuestras almas cierren la puerta
y abran otra
para así vislumbrar otro paisaje
para así crear nuevos sueños.

Me perdono el cinismo
porque también he sido ingenua,
o risueña

o inocente.

En cualquiera de los casos apareces tú
de nuevo con esa imagen convencional de vida perfecta en mi cabeza
y por un momento disfruto de ello,
pero enseguida me asiento tonta.

Es tan egoísta pensarte solo para mi
que de seguido pongo un pie en el suelo
y me saco las hadas de los bolsillos
para no aferrarme
al cielo que formamos
cuando nuestros cuerpos se comprenden.

Si la vida nos diera la opción
de hacer este momento eterno
sin trampas
ni magulladuras en las piernas
sin medias tintas
sin medios finales,
si solo
pudiese elegir
por un instante,
elegiría vivir un continuo aquí y ahora         contigo
para hacerlo inmortal.

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