Puedo decir,
que tuve una infancia bastante normal,
que fui de vacaciones a Port Aventura y que mis padres me llevaron a muchos otros sitios de los que probablemente no me acuerde.
Que tuve dos perros y uno lo conservo,
que mi hermano y yo nos peleábamos por el mando de la tele
y que en el colegio hice amigos que ahora no conozco.
Pero siempre sentí que era diferente,
algo que solo con los años conseguí comprender,
porque con diez años me encontré entre los versos de Nach,
y amé el hip hop durante ocho más,
y con trece fui la chica de los pantalones anchos y la gorra hacia atrás,
he de reconocer que estaba gordita,
pero no fue hasta los quince cuando empezó a preocuparme.
De la música sabía que no podía encontrar palabras para describir todo eso que a día de hoy siento cuando la escucho.
Me gustaba cantar.
Pero no pensaba que a otros les gustaría,
así que lo dejé escondido en la recámara durante unos cuantos años más.
Paso un tiempo hasta que el 'r&b' se presentó por doquier en mi vida,
y luego vino el reggae
y el rock
el soul
las baladas
el indie
y el punk.
No sé si han sido en ese orden,
pero si algo sé es que amaba y amo la música.
Con ello brotaron las notas de mi tupida garganta,
y sentí la necesidad de escupirlo
de gritarlo
de hacerlo
y me fui mostrando poco a poco.
En los libros encontré el refugio,
al que hoy
aún puedo escaparme.
En ellos encontré el amor
e imaginé planetas de otra de dimensión
y tuve el poder de desplazarme a otras galaxias
y pude conocer otras vidas
y pude presenciar otros cuerpos.
Y un día sin más
empecé a desvestirme
sobre un folio impecable
y alguien vino y me dio una palmadita en la espalda
y dijo algo como vocación y letras
y yo me lo tomé en serio.
...
Pero entonces alguien lo pronunció:
-hipersensibilidad-
-¿Hipersensibilidad?
No tenía sentido.
- ¿Los demás no sienten y piensan lo que yo?
Qué egoísta.
Era cierto,
luego lo entendí,
percibía el dolor;
el mío
y el de los demás
como una flecha
a la que ves venir de lejos
y que seguidamente se te clava en el pecho.
Pero también intuía las caricias
con la suavidad del terciopelo
y me emocionaba escuchando Héroes
y era capaz de ver la vida en otros ojos.
Fui creciendo y con el tiempo me di cuenta de que había personas que por suerte o por desgracia también tenían la misma percepción
los mismos síntomas
y el mismo ego
con los que yo misma me abatía.
Y fue un alivio
hasta que con dieciséis me enamoré por primera vez
y me hicieron daño.
Porque de todo eso también recuerdo que no dejé de repetirme una y otra vez lo que me odiaba,
el porqué todo me afectaba
el porqué todo me hería
el cómo podía dejar de pensar en ello
y sentirme bien.
Y pasé mucho más tiempo del que debía martirizándome,
porque sabía que no podía cambiar aquello que era
pero no intuía que se pudiese pulir,
y leí:
-"No podemos elegir quienes somos
pero sí quien queremos ser."-
Y yo
yo elegí ser fuerte,
y luché con ello y contra ello,
y algunas veces gané y otras perdí,
pero hoy,
con dieciocho veranos azotándome el pelo,
soy hoja liviana a todo aquello que me ofrece alegría
y espada de marfil a todo aquello que me supone coraje.
Y así lucho
y así combato
y así venzo.
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