en un intento de arroparme en algún futuro que algún día pude soñar
y en lo que dura un parpadeo
los recuerdos destierran toda esas ilusiones que alguna vez pudieron vivir en mi.
Porque hay tres pasos hasta el precipicio y uno para caer,
y a mi tus alas siempre me vinieron grandes.
Eras la incandescencia de una llama que crepita,
a veces quemabas y otras nada.
A veces iluminabas y te ibas.
Siempre tan fugaz
siempre tan de nadie
y yo siempre con ese gusanillo en el estomago de querer más,
siempre con esa inquietud de no saber si lo harás.
He dejado de soñar porque tu salías en todos ellos.
Y ahora no tengo un motivo para aferrarme a la vida,
me cuesta quedarme dormida
y he dejado de llorar.
Pero a ti,
a ti te veo en todas partes,
sobretodo lejos
que es donde más miedo me da.
Aún sigo imaginándote a mi lado dormido
y me despiertas con un apetito voraz y casi insaciable de mi
y podría decir por tus ganas que casi me hacías el amor porque después de todo eso me abrazabas.
Como cuando nos abrazábamos.
De verdad.
Yo, tan impuntual, impaciente y desordenada,
que llego siempre tan tarde a tu vida,
que ahora vivo en un maldito reloj de arena
y lo mantengo todo ordenado por si mañana quieres volver a deshacerlo todo conmigo.
-Hay que ver que mierda que es la vida, que sabe donde hay que clavar el puñal para que sangre bien la herida-
Te echo de menos,
pero no te perseguiré porque estoy cansada de correr hacia el vacío
y eres un sueño que ya se hizo realidad
y muchos más que no se cumplieron.
Has dejado de quererme como se dejan las cosas que se creen imposibles por miedo al hacerlas.
Y has clavado una espina en mi costado
para recordarme que no podré olvidarte hasta que yo no pueda arrancármela y créeme eres la herida más bonita y dolorosa que he podido tener.
Nos gritamos muchas veces,
pero ninguna para decirnos te quiero;
no se puede vivir de ilusiones
y tu eras la mayor de ellas.
Alguna vez fuiste salvavidas si me ahogaba cuando no eras el mar que me inundaba.
Ojalá no nos hubiésemos echo tanto daño, porque he perdido todo pero la felicidad para mi sigue siendo algo parecido a cogerte de la mano.
Soy un mártir de dudas en tu ausencia, con mil agujas en el pecho
avispas en la garganta
y echándote de menos.
Y cuando por fin vienes me deshace la ambivalencia de no saber si gritarte o besarte.
No sé cual de las dos es peor.
Pero quiero que sepas,
Que aún te escucho cuando cierro los ojos, aún te veo cuando voy por la calle
aún imagino tu respiración en mi cuello,
aún te imagino.
Aún.
Y aún quiero que vueles a mi lado,
aún quiero que me devuelvas todo eso que un día me diste y luego me has robado,
no consigo hacerme con la idea de pasar una vida que no sea con la tuya.
Eras todos los sueños que se tienen antes de dormir.
Vuelve.
Tengo pesadillas y estoy despierta.
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